Los caballeros las prefieren mochas

Hace un par de semanas, me fui a echar un par de drinks al Broka de la Roma con mis amigos Héctor, Armando, Luis y mis amigas Fernanda y Graciela.

Como siempre, terminamos hablando de las diferencias entre hombres y mujeres, pero sobre todo las exigencias que ellos tienen sobre nosotras:

  • Ustedes solo para salir se ponen una camisa, pantalón y listo. Nosotras, por el contrario, nos maquillamos, elegimos toda la noche el mejor vestido y ni nos pelan – dijo Fernanda.
  • Güey, perdón pero no es nuestra culpa que ustedes estén tan feas que tengan que producirse cañón – respondió Héctor con una carcajada.
  • Cállate Héctor. Que ustedes están tan mal que ni un buen maquillaje los arregla.

Armando y Luis no eran tan especiales en ese aspecto con las mujeres. A comparación de Héctor, quien una vez mandó a volar a una chava porque “no sabía comer alachofas”, mis amigos de la universidad buscaban lo que actualmente llamamos “una mujer liberal e independiente”:

  • A ver Luis y Armando, ¿ustedes que buscan en una mujer? – preguntó Graciela.
  • Pues yo veo que sea una mujer trabajadora, que no sea payasa ni fresa. Que sea inteligente la neta. – respondió Luis.
  • ¿Y tú Armando? – pregunté.
  • Que sea abierta con su sexualidad, no sé, que sea liberal.

En ese instante, boté una carcajada:

  • ¡Qué gran mentira! ¡Claro que no buscas a una mujer liberal!
  • Jajaja, totalmente. Una mujer liberal los aterra. – dijo Fer haciéndome segunda.
  • Luis, ¿te casarías con una mujer open mind?
  • Claro.
  • ¿Qué les parece que por cada mentira que ustedes están diciendo nos tomamos un shot? – dijo Graciela como siempre buscando pretextos para ponernos la borrachera de nuestras vidas.

Armando en ese entonces se encontraba en la típica crisis de los tres años con su novia de Guadalajara. Como suele pasar en estos casos, se encontraban en la horrible rutina, los malestares de las relaciones a distancia eran cada vez más fuertes y una mujer mucho más atrevida y coqueta apareció en la vida de mi queridísimo amigo.

Cabe recalcar que la actual novia de mi Armandín era, a mi parecer, la chica by the book que vivía aun con sus padres a los 27 años, no sabía cocinar más que una pechuga asada o el pastel de corazón de M&M’s pa’l novio, y claro,  sólo había leído un libro en su vida y ese era “50 sombras de Grey” (los tres tomos).

La discusión de aquella noche quedó en las mismas: los hombres juraban que si una mujer atrevida, liberal, guapa e independiente se les atravesaba en el camino, no durarían ni dos segundos en casarse con ella. ¿Nosotras? Tomamos shots hasta ponernos borrachas.

Dos fines de semana siguientes, Armando nos invitó  a mí y a Héctor a su fiesta de cumpleaños, en la cual asistió su aclamada novia Camila.

La niña era linda, y quería a mi amigo “el dandy”, pero era la mujer más mandolina del mundo:

  • Amor, ¿le sirves a Emma por fa? – le dijo Armando a Camila.
  • No Armando, como crees. – respondí
  • No Em, no te preocupes. ¿Qué te gusta tomar?

Incómoda, dejé que Camila me sirviera el vodka. Como buena mujer, tomé eso como un foco rojo y entonces me dediqué a observar a Camila y como Armando le ordenaba, y le decía cosas como: “Flaquita, ¿puedes abrir por favor?” o “Camila, acomódate la falda, se te ve más corta”. ¿La respuesta de Camila a todo? “Claro mi vida”.

Aunque quiero y estimo mucho a Armando, en algún momento de la fiesta, lo paré y le dije, con cierto enojo, lo que opinaba de su actitud:

  • Armando, ¿qué haces? ¿por qué tratas así a Camila?
  • ¿De qué hablas Emma?
  • Güey, llevas toda la noche dándole órdenes.
  • Ay…Em, claro que… –
  • Claro que sí. ¿No que querías una mujer independiente?

Héctor intervino:

  • Ay no manches, obvio no.
  • ¿Cómo?
  • La neta no queremos una mujer independiente, sino una que nos atienda. – dijo Héctor con el tono de hombre machista.
  • Armando, ¿tú no piensas así verdad?
  • Emma, la neta es que Camila es bien linda. – respondió.
  • ¿Por qué la quieres? – pregunté.
  • Porque hace todo lo que yo digo.

Casi me desmayó, pero en vez de eso, agarré fuerzas y le di un bolsazo a Armando y un zape a Héctor.

  • ¡Qué les sucede! – grite indignada.
  • Güey, la neta es que una mujer así no nos conviene. ¿cómo va a ser ella la mamá de nuestros hijos? No manches, ¿les va a dar condones o qué onda?
  • ¿Y yo entonces qué? ¿Nadie me va a querer porque no soy mocha?
  • No Emma, tú eres especial. – dijo Héctor mientras me daba un vaso de vodka bien cargado.

¿Especial? ¿Yo era especial? Nunca he sentido que esa palabra fuera un insulto, pero por alguna razón sentía que lo que Héctor me decía no era nada bueno.

  • Emma, no es por mala onda, pero a veces intimidas.- me dijo Armando con cierto miedo
  • Si güey, la neta es que una mujer asi de agresiva no es taaaan bueno a veces.

Ni que decirles. La peor fiesta de cumpleaños a la que he asistido. ¿Era de verdad que por ser “agresiva” e “independiente-liberal” era rechazada?

Entonces, como loca desquiciada stalkee a todos mis ex novios en el Facebook que sabía que tenían una relación, y a quienes yo había cortado.

Analizaba a todas sus novias actuales. ¡El horror! ¡Todas eran unas mochas como Camila! Incluso uno tenía una foto de perfil que parecía de recién casados, solo que en vez del bebé era un french poodle el que ambos abrazaban.

Y entonces me pregunté, ¿será acaso que el ser una mujer liberal, abierta y agresiva en este siglo XXI es tan malo como lo era en la época de los veinte? ¿Acaso mis galanes nunca vislumbraron un futuro conmigo por miedo de que “les diera condones a sus hijos” y en la clase de sexualidad les diera el Kamasutra?

De repente, recibí una llama de Armando por el Skype:

  • ¿Qué pasa Armando? ¿Estás bien?
  • Corté con Camila.
  • ¿Por?
  • Sé quiere casar y yo no. La neta no estoy preparado para eso. No tenía caso seguir en esa relación.

Oh, la ironía. ¿Quién entiende a los hombres?

Soy una chica de veintitantos que ha vivido más de 5 años en esta caótica ciudad. 

Me acabo de mudar sola, y si algo he aprendido durante este tiempo es que, aunque disfrutar la soltería en el D.F. es lo mejor que nos puede pasar a muchos, esto se vuelve contraproducente cuando quieres encontrar una pareja estable, genuina, fiel y sobre todo… que viva cerca de ti.

Éstas son las historias que he ido recopilando. Son 100 por ciento verdad. No tienes que leerlas en orden.

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