Guía para tener una mala cita

En todas las revistas, páginas, y demás medios, encontramos las típicas recetas sobre como tener una cita amorosa exitosa. Los titulares, o textos están atiborrados de frases como “no seas tan agresiva”, “dile que pase por ti a tu casa”, “no intentes pagar la cuenta” o demás tips.

¿Pero alguna vez alguien nos ha dicho como tener una mala cita? La respuesta más lógica sería un no, ¿a quién le gustaría tener un date terrible?

Pues aunque no lo crean, yo quería aplicar algo así como la de Cómo Perder Un Hombre en 10 Días y asustar a mi cita. ¿La razón? Mi mamá había arreglado el encuentro:

  • Hijita, de verdad veo que te falta pa’ casarte.
  • Ay mamá, ¿qué urgencia hay?
  • Yo te tuve a tu edad, y como de verdad veo que te has encontrado a puros hombresitos de mala familia, te voy a presentar al hijo de Martita.
  • ¿El hijo de tu amiga Marta? ¡Es el típico polítiquillo tabasqueño!
  • Pues ya arreglé todo para que pase por ti a las 8.
  • ¡NO QUIERO!
  • Emma, no seas terca. ¿Qué pierdes?

Con esa frase, recordé aquel consejo de uno de mis mejores amigos: “nunca niegues un café, no sabes lo que podría pasar”. Así que no discutí más y acepté.

Unas horas antes, me arreglé como siempre lo hago en mis primeras citas: un par de jeans bien pegados, tacones de punta color nude, con una blusa coqueta, blazer negro y claro, pelo suelto y la cara sin mucho maquillaje, más que el necesario.

Claro que hice el stalkeo formal en Facebook de cuando sales con alguien. Bueno, al menos yo siempre voy preparada para tener mis cartas bien guardadas y poder ser “impresionar” a mi cita: “¿cómo supiste que me encantan los coches?”  a lo que yo respondía: “¡Se te ve luego, luego! Sé leer muy bien a la gente.”  Supongo que las mujeres también tenemos nuestros trucos.

Este caso no era la excepción, y había realizado toda mi investigación para conocer a Luis.

Efectivamente era un político tabasqueño, y lamentablemente, de aquellos que se comían la “s”, que tenían sombrero de charro, y que salían a lado de puras vacas como buen ganadero de provincia.

Asustada, le hablé por inbox a Fernanda:

  • ¡Ay no, neta ya no quiero ir!
  • Pues cancélale
  • No, como crees. Le va a decir a su mamá, y ahí irá la mía a regañarme.
  • Como si te importara lo que te dijeran tus papás.
  • Bueno si pero…

Y en eso mi celular sonó. Era Luis. Estaba afuera esperándome.

  • Ya llegó – le mandé a Fernanda.
  • Wey boicotea la cita.
  • ¿Cómo?
  • Si, aplica la de Kate Hudson en esa película con el papi que sale de su coestrella.
  • ¡Si! Eso haré.
  • Aparte eres buena asustando hombres.

No podía negar ese comentario. Así que, dispuesta a arruinar mi cita, yhacer que Luis nunca más me volviera a buscar, salí con unos pantalones más holgados, una blusa que ni siquiera me hacía forma y claro, una trenza a medio hacer.

  • ¡Hola Luis! ¡Mucho gusto, soy Em! – le grité como si estuviera a mil kilómetros de distancia.
  • Hola Emma. Mucho gusto.

En el coche iba maquilando mi “personaje”. ¿Sería la mamona, nefasta que por todo se queja, la intensa que a los dos minutos empieza a hablar de los hijos que tendrán juntos, o la gritona, wannabe fresa, que se ríe por todo cual babosa? Al pensar en la última, reí y entonces tomé el papel.

  • Luis, ¿a dónde vamos eh?
  • Al Rosetta en la Roma. Me han dicho que está padre.
  • ¡Ay wooow! ¿El Rosetta? ¡Osea encanta! ¡Jajajaja, sí, uff, neta está de wow! – decía animosamente mientras medio saltaba y le pegaba al vidrio.
  • Ah.. si, veo que si te gusta. – me respondía Luis con cara de venado asustado.

Al llegar al restaurante, fui lo más torpe posible, desde con el mesero, hasta con la copa de vino que estaba tomando. Reía con un tono demasiado agudo, decía todo con mi cabeza de lado mientras encogía los brazos y me agarraba la trenza.

Claro que varias veces tiré la bebida, hacía como que no sabía comer la alcachofa que había pedido, y de repente abría la boca para comer.

  • Eres muy diferente a las chavas con las que he salido Emma.
  • ¿Por?
  • No sé… eres muy…alegré.
  • Jajaja, ¡ay ya sé! – le dije mientras le soltaba un manotazo en el brazo.

No puedo negar que hubo un momento de la noche que me harté. Pero cuando veía su cara de terror, mi mujer maquiavélica interior se divertía tanto, que era imposible dejar de hacer el teatro.

Todo había terminado con éxito: al final Luis ni me abrió la puerta, y me dijo aplicó la típica frase de bateo: “Me dio gusto conocerte, ¡cuídate!”

Al llegar a mi cama, el celular vibró. Un Whatsapp de Luis:

  • Quiero salir otra vez contigo.
  • ¿En serio?
  • Sí.  Me gustan las mujeres como tú, que sonríen todo el tiempo, que solo quieren pasarla bien. ¿Qué te parece si nos vemos mañana?

Entonces me quedé asombrada: ¿así de fácil es engañar a las personas en una cita? La gente anda afuera siendo doble cara, y yo, había jugado sucio así como lo hace un hombre que te intenta llevar a la cama siendo todo lo que una quiere que sea.

Soy una chica de veintitantos que ha vivido más de 5 años en esta caótica ciudad. 

Me acabo de mudar sola, y si algo he aprendido durante este tiempo es que, aunque disfrutar la soltería en el D.F. es lo mejor que nos puede pasar a muchos, esto se vuelve contraproducente cuando quieres encontrar una pareja estable, genuina, fiel y sobre todo… que viva cerca de ti.

Éstas son las historias que he ido recopilando. Son 100 por ciento verdad. No tienes que leerlas en orden.

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