¡ El Novio Gay !

Imagínense una lista de las 10 peores verdades que nunca quisieras saber acerca de tu novio. En el top 5 de la mía, y es probable que la mayoría de las mujeres coincidan conmigo, estaría la infidelidad y saber que mi pareja es gay.

Ahora, piensen en un escenario en el que ambas verdades se junten en un mismo güey, pero no en el suyo, sino en el de su mejor amiga. Y peor, que tú lo sepas y ella no.

Así es. Aunque no lo crean, eso es lo que me pasó con Graciela, mi mejor amiga de la universidad.

Igual que a Fernanda, la conocí en el primer semestre de la carrera. Las tres éramos inseparables, y como buenas estudiantes en esta gran ciudad,  buscábamos de cita en cita a nuestro hombre chilango perfecto, hasta que un día, en una típica peda de universitarios, Graciela encontró a Manuel.   

Él era un poco mayor que nosotras, había estudiado Derecho, tenía un buen trabajo, y sobre todo, un excelente gusto para vestir. A primera vista, era un sueño hecho realidad: guapo, simpático, inteligente, carismático, tierno, caballeroso, y todos los adjetivos que describen al “hombre perfecto”.

Obviamente todas lo amábamos, y aunque le teníamos “envidia de la buena” a Graciela, era el chavo ideal para cualquiera.

Un día en el salón de la universidad, mientras Fernanda y yo trabajábamos en un proyecto, Manuel llegó a buscar a Graciela.

  • ¿Qué onda chavas? ¿Está Graciela por aquí?
  • No Manuel. ¿Quieres que le hable?
  • No, no. Quería pasarle su tarea por USB. Mejor se lo mando por mail. Emma, ¿me prestas tu compu?
  • Claro.

Manuel uso mi lap por unos minutos. Al terminar, nos ofreció a Fernanda y a mi llevarnos a casa. En el camino, nos platicaba su idea de regalo de aniversario para Graciela. Ambas estábamos fascinadas con la idea, y coincidíamos en que nuestra amiga se había sacado la lotería… o al menos eso pensábamos hasta que, ya en mi casa, Fernanda abrió mi computadora y nos enteramos de la peor verdad sobre Manuel.

  • ¡NOOO MAAAMEEES! – gritó Fernanda, mientras  hacía señas para que me acercara al monitor de la computadora.
  • ¿Qué pasó?
  • Manuel le pone el cuerno a Graciela.
  • ¡¿Qué?! ¡¿De qué estás hablando?!
  • No te dije nada porque seguro me saldrías con tu sermón de hueva sobre respetar la privacidad de los demás,  pero Manuel dejó abierto su mail, y abrí algunos correos. ¡Tienes que leer esto AHORA!

Miré al monitor. Empecé  a leer las primeras líneas del correo: “Hola amor. Ayer la pasé muy bien. Ya te extraño.” Subí la mirada a los datos del mail. Remitente: Manuel Álvarez. Destinatario: A. N.

  • ¡Hijo de la chingada! ¡Todos son iguales!
  • Espérate. ¡Lo peor viene en el mail de abajo! Lo tienes que leer todo.
  • ¡¿Peor?! ¿Qué podría ser peor que le pongan el cuerno a tu amiga?
  • Que te enteres con quien lo hace.

Entre el morbo, el enojo, la desesperación y la intriga, rápidamente abrí el segundo correo. Asunto: Recordatorio. Cuerpo de texto: “Hola mi vida. Perdón que te moleste, pero solo quería recordarte que la última vez que nos vimos no me pagaste. Recuerda que mi amor no es gratis. Antonio N.”

Estaba boquiabierta. Efectivamente, Manuel le ponía el cuerno a nuestra amiga, pero no con una mujer, ¡sino con tipo estilo Gigoló!

  • Hay que decirle. – dije convencida.
  • No Emma. ¿Cómo le vamos a decir? Le vamos a partir el corazón.
  • Prefiero partirle de una vez el corazón pero con la verdad, a que un día cache a Manuel en la cama con otro cabrón.
  • No puedo creer que sea gay. Nunca vi ni una señal.
  • Ahora entiendo porque la gente dice que ningún hombre que vista tan bien puede ser straight.

Han pasado dos años  desde esa tarde. Por su parte, Fernada eligió no decirle nada a Graciela. Yo, sinceramente, todavía no sé qué hacer.

Por un lado, si estuviera en su lugar, quisiera que mi mejor amiga me dijera la verdad y me rescatara de una relación destinada al fracaso. Pero por otro, me pregunto, ¿quién soy yo para decidir sobre la vida de los demás? A lo mejor Graciela siempre ha sabido y no quiere verlo; a lo mejor, en un mundo utópico, Manuel dejó de verse con Antonio N. Al fin y al cabo, a algunas personas les gusta vivir en la mentira y prefieren rechazar la realidad.

Pero siento que ahora sí, el tiempo se me acaba. Graciela me habló hace un par de días. Manuel le pidió matrimonio.

Soy una chica de veintitantos que ha vivido más de 5 años en esta caótica ciudad. 

Me acabo de mudar sola, y si algo he aprendido durante este tiempo es que, aunque disfrutar la soltería en el D.F. es lo mejor que nos puede pasar a muchos, esto se vuelve contraproducente cuando quieres encontrar una pareja estable, genuina, fiel y sobre todo… que viva cerca de ti.

Éstas son las historias que he ido recopilando. Son 100 por ciento verdad. No tienes que leerlas en orden.

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