A un clic del psycho

Desde que tengo uso de razón, he sido curiosa, pero por muchas razones, también reprimida. Cuando tenía 12 años, justo en el auge del Internet, descubrí los famosos chats de Starmedia, en donde me desataba del deber social, y desinhibía de todas las exigencias de mis padres.

Conocí innumerables personas sin nunca revelar mi nombre, ni mi edad. Ninguna plática duró más que unas cuantas horas, y ninguna de esas personas trascendió en mi vida, hasta que, a mis 15 años, conocí a Miguel.

“Locamente_enamorado” era su nickname y el mail con el que me agregó al viejo MSN Messenger. Su perfil: “Italiano-peruano de 17 años. Me encanta la salsa.” El mío: “Chava delgada, cabello oscuro y ojos cafés. Amo la música”. Eso bastó para que ambos empezáramos a platicar en Messenger.

⎯ ¡Hola! ¡Soy Miguel! ¿Cuál es tu nombre, guapa?
⎯ ¡Hola! Me llamo Emma. Debo decirte que no busco nada sexual, solamente una amistad.
⎯ Eres la primera mujer que me pide algo así en Internet. Pero muy bien Emma, seamos amigos.

Y así fue que Miguel se convirtió en mi amigo y confidente por Internet durante 6 años. Solamente platicábamos por Messenger (ni remotamente nos pasaba la idea de Facebook). Sabía cómo era físicamente por las fotos que ponía en su avatar y webcam: delgado, moreno claro, de pelo negro, y ojos color almendra.

Nació en Italia, pero desde chico se mudó a Perú. Era platicador, chistoso, y sobre todo coqueto. Y a pesar de que pedí que no lo hiciera, no dejaba pasar la oportunidad para escribirme algún piropo en italiano. “Vuoi fare qualcosa stasera? Sono pazzo di te ☺”

No podía negarlo: Conforme iban pasando los años, Miguel me gustaba cada vez más.Cuando regresaba de la escuela, corría para prender la computadora y encontrarlo online. Y ahí estaba, sin falta dispuesto a leerme.

⎯ Emma, estoy enamorado de ti.
⎯ Ni nos conocemos en persona.
⎯ No necesito verte para conocerte. Pero en parte tienes razón, así que por eso iré a México. Llego en 15 días, acabo de comprar mi boleto.

Sentí emoción y miedo al mismo tiempo. ¿Cómo iba a tener un encuentro en persona con quien había hablado solamente por Internet? (Ahora con Tinder eso ya no suena tan descabellado, ¿no?) ¿Y si es un violador? ¿Y si me quiere secuestrar? De cualquier manera, le dije que aquí lo esperaba.

Diez días antes de que llegara, escribí su mail en el buscador de Google.

Primer link: Perfil de Miguel R. CiberseXXXO. Segundo link: ”Locamente_enamorado busca sexo en línea.” Le di clic. Salió su cara con gestos de orgasmo. Su miembro desnudo. Su perfil invitaba al cibersexo.

Pasé por varios sentimientos: primero lo negué. No podía creer que fuera verdad. Después me decepcioné. Al final me espanté. En un estado de shock le envié un mail: “Sé todo sobre las páginas de sexo. ¡¿Quién eres?! No me vuelvas a hablar nunca más”.

No pasó ni un minuto, y mi celular empezó a sonar. Era él. No respondí a su primera llamada. Me dejó 34 llamadas perdidas. Para evitar la tentación de contestar, lo puse en silencio. A las dos horas recibí un mail: “Emma, perdóname. Te amo”. Hora siguiente, otro: “Respóndeme”. Tercero: “Me muero sin ti”.

Dos semanas después me llegó un correo de una tal Laura M. En él me decía que había un blog para mí llamado “Amándote siempre en silencio”. Le di clic al link (que creo que sigue existiendo). Mi “loco enamorado” había escrito alrededor de 8 o 10 posts en un lapso de 15 días, sobre nosotros, nuestro “amor” disfrazado de amistad, y unas cuantas canciones de salsa dedicadas a mí.

Bloqueé su cuenta de Messenger, de mi cuenta de mail, de la página donde lo había conocido. Cambié mi número. Borre cualquier huella. No volví a saber de él hasta hace poco.

Me pareció verlo en una sala de vuelos internacionales en el aeropuerto del DF. Nos vimos fijamente, como de esas miradas en donde no quieres reconocer a la otra cara por miedo. No quería creerlo, así que ignoré el hecho. Días después recibí un mensaje de él por Facebook, bajo el título: El Diferente.

“Te vi en el aeropuerto de México. Ahora sí eres una mujer, claro que más bella. Nunca te guardé rencor, y entiendo por qué te alejaste. Pero sí te quise, y te amé, y nunca te olvidé. Arrivederci, Emma.”

No respondí. Una vez más, esta hermosa ciudad me sorprendió; con sus infinitas posibilidades, con destinos que se bifurcan, sin la necesidad de un futuro.

Pienso en los amores que son una muleta para sostenernos durante malos momentos y poder ser nosotros sin miedos. Pero que con su entrega apasionada, viene la locura, la idealización. Una obsesión, una dependencia, un “no existo sin ti”: una o un psycho.

Afortunadamente para mí, con un clic, desapareció.

Soy una chica de veintitantos que ha vivido más de 5 años en esta caótica ciudad. 

Me acabo de mudar sola, y si algo he aprendido durante este tiempo es que, aunque disfrutar la soltería en el D.F. es lo mejor que nos puede pasar a muchos, esto se vuelve contraproducente cuando quieres encontrar una pareja estable, genuina, fiel y sobre todo… que viva cerca de ti.

Éstas son las historias que he ido recopilando. Son 100 por ciento verdad. No tienes que leerlas en orden.

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